Escuchar al otro, clave para una reforma educativa



Ha sido una oportunidad perdida en los colegios con las mejores condiciones el esforzarse en repetir lo que hacían en la presencialidad en la virtualidad. Habrá sido por miedo, desconfianza que no dieron el salto,  no lo sé, pero lo siguen haciendo, niños y jóvenes sentados frente a pantallas muchas horas durante el día.

Triste esfuerzo, puesto que si los chicos ya se aburrían en la presencialidad, ahora solo fingen estar en la videollamada y están haciendo otras cosas. Hasta puedes estar con la cámara encendida y estar viendo una película, tu serie favorita o jugando un videojuego. Eso pasa en educación básica, superior y el mundo laboral.

Y como siempre lo ha hecho el colegio echará la culpa a los niños, porque  no se esfuerzan por atender. Quieren que el joven atienda lo aburrido, lo que no le interesa. Cuando no entienden que la falla es de ellos por no saber escuchar, por no saber ser fiel a sus pomposas declaraciones de visión "en este colegio atendemos personalizadamente", creo que esta frase la dicen todos en sus campañas de marketing.  Sin embargo, en la práctica todos atienden masivamente.

Es una oportunidad perdida porque pudieron reinventarse, si tan solo hubieran escuchado al estudiante y sus intereses con una llamada quincenal o mensual a cada uno sin protocolos, solo escucha. El estudiantes es  una hoguera de ganas de aprender. Es un conquistador  de los mares de la vida, del mundo, de la realidad y de sí mismo. La explosión sináptica que ocurre en los primeros años y luego en la secundaria es sorprendente.  Si lo hubieras escuchado, no solo estaría realmente conectado a tu clase, sino a su vida y al entorno. 

Y donde no hay recursos ni condiciones tecnológicas les digo, no busquen repetir lo que hacían en la presencialidad.  Busquen escuchar, observar  a cada estudiante, sus intereses y necesidades, con una llamada o con una carta. Sean unos jardineros de la vida no carpinteros hacendosos,  un jardinero no está obsesionado cada día buscando la evidencia de crecimiento de la planta.  Recorta por aquí, poda por allá, riega abona y se retira silentemente hasta unos días después, porque la planta crece sola. Crece sola, a nuestra mentalidad controladora y paternalista le cuesta entender esa frase. No necesitas estar sobre él todo el día.   Las  funciones de custodia y control, que antes tenía la escuela, han pasado a la familia. Hay que asesorar más a los padres, eso sí.

A aquel docente preocupado por lo que han dejado de aprender los estudiantes sin condiciones tecnológicas  le quiero decir que los niños han aprendido mucho en pandemia. La pregunta correcta que tenemos que hacernos es ¿Cómo podríamos rescatar, afinar, podar los reales aprendizajes y nuevas sinopsis neuronales que han generado en pandemia y no los que deberían haber logrado según una institución y sus dispositivos burocráticos? Recuerda que la escuela y sus dispositivos como el currículo no tienen más de 100 años como herramientas de apoyo para el aprendizaje  y sin probada eficacia. Nuestra historia como especie tiene 100 mil años.  100 mil años aprendiendo y enfrentando crisis  y desafíos. 

Esos estudiantes no van a regresar con dos años de haber perdido aprendizajes.  Van a regresar con ganas de un abrazo y muchas ganas de seguir aprendiendo, porque el aprendizaje no paró en él o ella a pesar de que no se conecto en un año. Con su plasticidad cerebral estará listo para actualizarse en todo lo que desees y  estará listo para  nuevos desafíos de aprendizaje. 

Tenemos que aprender a hace silencio en nuestro interior para poder escuchar al otros. Alejarte de los ruidos, las preocupaciones de los cumplimientos curriculares, evidencias de aprendizaje, etc.  Solo si hay silencio activo en tu corazón podrás reconocer, acoger y ayudar al otro.  

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