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El mapa y la brújula

Brunner abrió el Congreso Iberoamericano de Liderazgo Escolar mostrándonos el bosque. A nosotros nos toca caminarlo con una brújula. Por Roberto Barrientos Mollo Hay un riesgo silencioso en todo congreso de especialistas: la miopía. Quienes trabajamos en liderazgo escolar e intermedio podemos pasar tres días mirando con lupa nuestras investigaciones y nuestras experiencias, sin levantar la vista al paisaje que las contiene. La conferencia inaugural de José Joaquín Brunner en el Congreso iberoamericano de liderazgo y mejora escolar que reunió la semana pasada a la región en Santiago de Chile fue, por eso, un broche de oro al revés: en lugar de cerrar, abrió. Nos hizo ver el bosque —los grandes cambios del mundo— antes de dejarnos entrar a los árboles. Y nos entregó un mapa para empezar a navegar y bregar en él. Lo primero que hizo Brunner fue algo que rara vez nos permitimos: reconocer las conquistas. En medio del clima de crisis permanente que cultivan los titulares, recordó que la hu...

Sobre la entrega de libretas de los colegios: opciones alternativas



A mi parecer, la entrega de libretas de los colegios, debería ser una conversación fluida sobre cuánto ha cambiado la persona motivo de la reunión. Porque aprender es cambiar. Como dice Richard Elmore aprender es “la capacidad de modificar conscientemente creencias, entendimientos y acciones en presencia de evidencia, experiencia y reflexión”.  Y un cambio de ese tipo de nivel no puede darse en un trimestre en tantas áreas como muestra una libreta típica de calificaciones. 

Para mí una entrega de libretas o reunión de entrega de libretas ideal sería una reunión con los padres del estudiante en la que el docente comparte sus gratas sorpresas acerca de su hijo.  Las preguntas que podrían guiar el diálogo son  ¿Qué te sorprendió? ¿Qué no esperabas que ocurriera y ocurrió? ¿Qué talentos estás descubriendo en él o ella? Es necesario recordar que docencia sin capacidad de sorpresa, no es docencia. Enseñar es aprender a sorprenderte de los talentos y dones de cada persona.

Otra posibilidad sería que en vez de trabajar tantas áreas y las 32 competencias como propone el currículo peruano se trabajase la evaluación en función a los cuatro fines de la educación: conocerse así mismo, cuidar de otros, mejorar el mundo y aprender a aprender. Son más simples y comprensibles para todos y sintetizan todas las competencias y todo lo que un padre quiere.  Se puede intentar responder a las preguntas ¿Cuánto se ha conocido más a sí mismo en estos meses? ¿cuánto cuida de otros ( en este caso compañeros y familia)? ¿cuánto se ha involucrado en mejorar el mundo: el mundo escolar, el mundo de su comunidad de alrededor mediante acciones de voluntariado u otros proyectos,  el mundo familiar,  etc.  y ¿cuánto sigue desarrollando la habilidad de aprender a aprender: Cuán autónomo ha sido este trimestre y en qué se ha manifestado esa autonomía? Ya está. Con esos temas se puede tener una conversación bonita  y que engancha docente y padres de familia. 

 También la familia podría ofrecer sus impresiones y enriquecer la perspectiva del maestro o comunidad escuela.  Por lo que pienso que la escuela pierde una oportunidad de estrechar los vínculos con la familia y, sobretodo, de hacer sinergías para ayudar a que joven despliegue todas sus capacidades. Recordemos que la conquista de la propia vida e independencia de cada persona es un trabajo titánico. Lo menos que podemos hacer es colaborar y estar para ellos en ese proceso. 

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