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El mapa y la brújula

Brunner abrió el Congreso Iberoamericano de Liderazgo Escolar mostrándonos el bosque. A nosotros nos toca caminarlo con una brújula.



Por Roberto Barrientos Mollo


Hay un riesgo silencioso en todo congreso de especialistas: la miopía. Quienes trabajamos en liderazgo escolar e intermedio podemos pasar tres días mirando con lupa nuestras investigaciones y nuestras experiencias, sin levantar la vista al paisaje que las contiene. La conferencia inaugural de José Joaquín Brunner en el Congreso iberoamericano de liderazgo y mejora escolar que reunió la semana pasada a la región en Santiago de Chile fue, por eso, un broche de oro al revés: en lugar de cerrar, abrió. Nos hizo ver el bosque —los grandes cambios del mundo— antes de dejarnos entrar a los árboles. Y nos entregó un mapa para empezar a navegar y bregar en él.


Lo primero que hizo Brunner fue algo que rara vez nos permitimos: reconocer las conquistas. En medio del clima de crisis permanente que cultivan los titulares, recordó que la humanidad pasó, en dos siglos, de una alfabetización de élite —apenas el 10% del mundo— a la universalización del acceso. Que los Estados nacionales asumieron la educación como derecho y como obligación, construyendo sistemas escolares de un poder enorme. Que la educación sí produjo, en muchos casos, movilidad social y desarrollo de capital humano. No es ingenuidad: es perspectiva. Quien no ve lo conquistado tampoco sabe qué está en juego cuando lo pone en riesgo.


Sobre esa base, Brunner desplegó su mapa, y lo hizo con la mejor teoría disponible. Tomó las tres funciones que el filósofo Gert Biesta atribuye a la educación —socializar, cualificar y formar sujetos (la subjetivación)— y mostró que la incertidumbre de nuestro tiempo estalla en las tres a la vez. La socialización, porque se sueltan las "ligaduras" —el término es del sociólogo Ralf Dahrendorf— que ataban a las nuevas generaciones a la familia, la tradición y la comunidad. La cualificación, porque el mundo del trabajo cambia bajo nuestros pies y ya no sabemos para qué empleos preparamos. Y la subjetivación, la más antigua de las preguntas: ¿qué tipo de persona queremos formar? Brunner enlazó aquí, con visible afecto, el informe Delors de la UNESCO —La educación encierra un tesoro— y sus cuatro pilares: aprender a conocer, a hacer, a ser y a convivir. Confesó que le gustaba; y dejó un dato que a muchos nos sorprendió: ese análisis no nació en los noventa, sino que se venía cocinando desde los años sesenta.


Escuchándolo, no pude evitar el reconocimiento. Las funciones de Biesta y los pilares de Delors conversan, casi sin traducción, con los cuatro fines de la educación que vengo defendiendo: conocerse a sí mismo, cuidar de los otros, mejorar el mundo y aprender a aprender. No es coincidencia: es la misma intuición humanista, formulada en lenguajes distintos a lo largo de seis décadas. Y el cuarto fin —aprender a aprender— es hoy el más urgente de todos. Porque si algo enseña el mapa de Brunner es que ya no podemos formar para un destino conocido. Solo podemos formar personas capaces de gestionar autónomamente su propio aprendizaje, en un mundo que les cambiará el suelo varias veces.


Brunner cerró su mapa con los nuevos desafíos y con una idea que merece subrayarse: la educación no se piensa en el vacío, sino dentro de una ecología. Para América Latina, esa ecología será exigente. Tendremos que sostener la efectividad compensatoria de la escuela —que logre equiparar las desigualdades de origen— y, al mismo tiempo, cualificar para trabajos que mutan, en un entorno de economías estancadas, política en crisis, una sociedad civil cada vez más individualizada y culturas en plena transformación. Ese es el clima en el que navegaremos. No lo elegimos; nos toca.


Y aquí está, para mí, el verdadero valor de haber empezado el CILME con Brunner. Un mapa no camina solo. Nos dice dónde estamos y qué nos rodea, pero no avanza por nosotros. Para eso hace falta una brújula: una orientación práctica, probada, que permita dar el primer paso y corregir el rumbo. Quienes trabajamos con la Relación Tutora  (Aprendizaje entre Pares) creemos haber encontrado una. No es la única, y la humildad que el propio Brunner reclamó —"pensar en medio del temporal"— nos obliga a no proclamar respuestas totales. Pero sí podemos decir, con evidencia de campo, que el camino es claro: cuando enseñamos a cada estudiante a aprender a aprender y a conducir su propio aprendizaje, y cuando hacemos del vínculo —no del control— el motor del aula, estamos respondiendo de manera concreta a tres de las cuatro funciones que Brunner puso sobre la mesa. Reconstruimos comunidad donde se soltaron las ligaduras. Formamos la autonomía que la cualificación incierta exige. Y cultivamos un sujeto capaz de habitar el mundo, no solo de pasar por la escuela.


Salí de la conferencia con una mezcla poco frecuente: la lucidez del diagnóstico y el ánimo de quien siente que va por buen camino. Brunner no nos dio consuelo —no es su estilo—, pero nos dio algo mejor: el tamaño real del desafío. Y al verlo completo, confirmo que el trabajo que hacemos no es una respuesta menor a un problema local, sino una contribución alineada con las grandes preguntas que se hace la mejor teoría educativa del mundo. El mapa lo trajo Brunner. La brújula la estamos construyendo. Lo que viene —y de eso tratará el resto del congreso— es caminar.



Como la mente de Brunner es lúcida y su marco, generoso, sistematicé los autores que mencionó y los convertí en mis próximas lecturas obligatorias. Los comparto en orden temático, por si alguien quiere profundizar como pienso hacerlo yo.

El marco que ordena todo

Sobre la socialización y las "ligaduras" que se sueltan

  • Hannah Arendt, "La crisis en la educación", en Entre el pasado y el futuro — el amor mundi y la responsabilidad de los adultos por el mundo.

  • Ralf Dahrendorf, Oportunidades vitales — el concepto de "ligaduras" (vínculos) frente a "opciones".

  • Émile Durkheim, La educación moral — la autoridad docente como conciencia colectiva.

  • Zygmunt Bauman, Modernidad líquida — la disolución de lo sólido.

  • Antonio Gramsci — la idea del interregno: lo viejo que no termina de morir y lo nuevo que no termina de nacer.

Sobre la subjetivación y los fines de la educación

  • Jacques Delors (coord.), La educación encierra un tesoro (UNESCO, 1996) — los cuatro pilares: conocer, hacer, ser y convivir.

  • Wilhelm von Humboldt — la Bildung y la formación integral de la persona.

Una provocación que vale releer

  • Iván Illich, La sociedad desescolarizada (1971) — y, sobre todo, su autocrítica posterior, donde matiza su propia tesis.




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