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El termómetro y el niño del fondo

Salió el ENLA 2025. Antes de volver a gritar «emergencia», vale la pena entender qué mide de verdad esta prueba, qué dice el informe del Banco Mundial que muchos van a citar, y por qué la salida no es estandarizar, sino ponernos de acuerdo entre todos. Roberto Barrientos Mollo Hace un tiempo, en una conversación sobre el caso de Sobral —ese distrito del nordeste brasileño que se volvió leyenda por enseñar a leer a casi todos sus niños—, me enamoré de una herramienta. La llamaban, cariñosamente, el «alfabetómetro»: una especie de termómetro visual donde, apenas el niño llega a la escuela, uno ve en qué punto está su lectura. Me pareció brillante. Claro, motivador, honesto. Lo conté con entusiasmo. Hasta que una colega que trabaja desde el mundo de la inclusión me hizo una pregunta que no he podido sacarme de la cabeza. Ella no se opone a medir; lo maneja mejor que yo. Pero me dijo: ¿y el niño que siempre está al fondo del termómetro? El que tiene una condición, el que avanza más lento. ...

¿Cómo liderar adecuadamente nuestros equipos?


Robert Sutton, de la universidad de Stanford,  viene investigando empresas por más de 40 años. Uno de sus últimos libros es Jefe Bueno Jefe Malo, como ser el mejor y aprender de los peores. Muy buen libro que explica la influencia que tiene los jefes en el rendimiento de una empresa, pero sobretodo ofrece recomendaciones concretas sobre cómo liderar una organización. Otro de los aportes del libro es que para muchos de sus comentarios usa información que la evidencia científica de investigación en organizaciones de todo tipo ofrece.
Una de la conclusiones que da es que no existen recetas para ser un buen jefe,  e implica trabajo y esfuerzo duro. Si alguien le ofrece que puede llegar a ser buen jefe en poco tiempo, le está mintiendo.
El autor finalizar el libro ofreciendo dos criterios simples para evaluar nuestra efectividad.
1) Si preguntáramos a nuestro equipo si volverían a trabajar bajo nuestro liderazgo, ¿responderían entusiasmados que sí?
2) los buenos jefes son muy conscientes del impacto que generan en las emociones y opiniones de su gente, ofrece las siguientes preguntas "¿Qué sorprende más a mis subordinados de mis actos y estados de ánimo? ¿Qué opino de mi propia competencia y compasión? ¿Cómo reacciona mi
equipo a las grandes y pequeñas cosas que hago? Si me obligaran a elegir la pregunta más crucial entre las muchas planteadas en Buen jefe, mal jefe, yo diría: •¿Es consciente de qué significa trabajar para usted?»"(p.175)

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