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El cuento que no escribió ningún niño

Roberto Barrientos Mollo Abrí el primer fólder con gusto. Me habían invitado como jurado de la etapa de red del Premio Nacional de Narrativa y Ensayo José María Arguedas, y yo siempre llego contento a estos encuentros: estar con mis escuelas, con mis docentes, con mis directores, es de las cosas que más disfruto de mi trabajo. Antes de empezar la revisión hubo café, saludos, conversación. Luego, los fólderes. Leí el primer cuento. En la tercera línea ya lo sabía. Esto no lo escribió un niño. No fue una intuición vaga. Fue el tipo de guion, el tipo de redacción, esa tersura sin fisuras que uno reconoce cuando ha leído miles de textos escolares. Seguí revisando. Cuentos y fábulas de primaria, cuentos y ensayos de secundaria. Luego contrasté mis sospechas con varias herramientas de inteligencia artificial. El diagnóstico se repetía: demasiado sintético, demasiado perfecto. Y aquí quiero ser honesto: ningún detector es infalible, y no pondría las manos al fuego por cada caso individual. Pe...

La redistribución del poder en la escuela

Algunas reflexiones que me ha generado la lectura del artículo de Calderón.
Es necesario redistribuir el poder en la escuela para la toma de decisiones por dos razones:
En primer lugar para poder atender y responder mejor a las necesidades de los estudiantes y favorecer su despliegue y desarrollo como persona, el fin último de la escuela.
En segundo lugar porque esta redistribución del poder se expresa en los espacios de participación escolar, ésta a su vez es una dimensión de la participación ciudadana. Esto significa que si queremos construir un país más sólido y democrático debemos de promover espacios de redistribución del poder.
Estas dos razones son válidas y aceptadas en el papel. Pero cómo hacemos para que espacios culturales donde el poder lo han tenido unos pocos,  cambien. 
Entender que el camino pasa por establecer estrategias de cambio de culturas organizativas, y sobre eso la literatura hoy día es lo suficientemente abundante como para empezar con pie derecho.
Por ello creo que le cambio de cultura en la escuela, lo que Cuban llamada gramática escolar, es posible, asimismo el cambio de cultura en cómo funcionan lo gobiernos locales y regionales, también es posible. Solo es necesario utilizar la estrategias correctas que la ciencia del cambio nos ofrece.
Como todo aprendizaje es necesario un entrenamiento regular y constante, viene a mi mente la experiencia que desarrollamos en el 2007 con el proyecto de autoevaluación escolar con 30 escuelas, que en esencia fue un ejercicio de redistribución del poder, de dar voz a los alumnos y padres.  Con ejercicios y técnicas concretas que resultaron bastante útiles para cuestionar las prácticas participativas de la escuela. Nos basamos en la interesante experiencia realizada por  John Macbeath,  Denis Meuret, Lars Jacobson y Michael Schratz en el año 1997.




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