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El termómetro y el niño del fondo

Salió el ENLA 2025. Antes de volver a gritar «emergencia», vale la pena entender qué mide de verdad esta prueba, qué dice el informe del Banco Mundial que muchos van a citar, y por qué la salida no es estandarizar, sino ponernos de acuerdo entre todos. Roberto Barrientos Mollo Hace un tiempo, en una conversación sobre el caso de Sobral —ese distrito del nordeste brasileño que se volvió leyenda por enseñar a leer a casi todos sus niños—, me enamoré de una herramienta. La llamaban, cariñosamente, el «alfabetómetro»: una especie de termómetro visual donde, apenas el niño llega a la escuela, uno ve en qué punto está su lectura. Me pareció brillante. Claro, motivador, honesto. Lo conté con entusiasmo. Hasta que una colega que trabaja desde el mundo de la inclusión me hizo una pregunta que no he podido sacarme de la cabeza. Ella no se opone a medir; lo maneja mejor que yo. Pero me dijo: ¿y el niño que siempre está al fondo del termómetro? El que tiene una condición, el que avanza más lento. ...

Dos elementos esenciales de una buena educación



El día  20 de mayo, Melissa Agudelo, directora del colegio de Met de San Diego California  y nuestra formadora en estas seis semanas, tuvo a bien convocar a un grupo de estudiantes y una madre de familia para compartir su experiencia en el modelo Big Picture Learning. 

Los tres eran estudiantes migrantes mexicanos viviendo en California: Nicolás (grado 12), Janette (grado 12)  y Daniel (grado 10).   Ellos ingresaron  en grado 9, 10  y 9 respectivamente.  El grado 9 sería el equivalente a 3ro de media en el Perú.

Rescato dos ideas centrales de la conversación que deben ser parte de cualquier propuesta educativa.

1. Cumplir con los cuatro fines de la educación

Les pregunté "¿Cuántos de los fines de la educación cumple tu escuela?" Enumeré los cuatro:  1) Conocerte a ti mismo, 2) Cuidar de otros, 3) Mejorar el mundo  o 4) Aprender a aprender. 

Todos dijeron que una escuela BPL les ayudó con los cuatro fines. La respuesta es sorprendente puesto que la mayoría de las escuelas no cumple ninguno, porque está ocupada con sus primeras funciones:  1) Custodiar, 2) controlar, 3) clasificar a los estudiantes para ingresar en sociedad y el último que es 4) aprender, está supeditado al tercero que es clasificar. 

Es por ello que es motivo de alegría encontrar una escuela que cumpla con los 4. 

2. El cariño y el aprendizaje

Otro elemento presente en sus respuestas fue el cariño recibido en la escuela, un cariño que los transformó.   Como comentaba Santiago Rincón- Gallardo en una entrevista que le hice  sobre la Relación Tutora: “La relación tutora… es un acto de amor, es un acto de cariño, de solidaridad”.  Hagámonos la pregunta ¿Cuántos chicos se sienten realmente queridos y acogidos en la escuela? El cariño es algo bueno para todos, pero de manera especial para los chicos que pasan por más dificultades, chicos viven en la calle, con padres fallecidos por la pandemia,  que no tienen a nadie.  Ellos lo necesitan más para aprender y para ser mejores personas.   

Aprendizaje sin cariño no es posible, pero el cariño solo ocurre en una relación personal no en masa. Otro motivo más para rediseñar nuestros sistemas educativos, hoy más que nunca.

Este modelo o filosofía educativa nos ayuda a volver a lo esencial de la educación: la buena educación se ocurre cuando ayudamos a los estudiantes a conocerse a sí mismos, cuidar de los demás, mejorar el mundo y aprender a aprender; todo ello en un ambiente de relación personal, de cariño y respeto profundo por la dignidad del otro. 

Invito a escuchar todo el conversatorio aquí 



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