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Los polinizadores de la innovación

 CRÓNICA · EDUCACIÓN DESDE EL TERRITORIO

Los polinizadores de la innovación

Un especialista aprendió algo de una niña de primaria en Lima, lo llevó a las escuelas rurales de Paruro y, cuando cambió de provincia, la innovación viajó con él. Sobre una forma de sostenibilidad —y un polinizador— que casi nadie mira.

Roberto Barrientos Mollo

La primera vez que Hugo Quiza entendió de qué se trataba todo esto, su maestra fue una niña de primaria.

Era finales de 2023. Hugo —especialista de Ciencia y Tecnología, hombre de secundaria, de fórmulas y laboratorios— estaba en Lima, en nuestro diplomado, y lo llevamos de pasantía a una de nuestras escuelas. Lo repartieron por las aulas. A él le tocó una niña. Y la niña, con la naturalidad de quien hace lo más obvio del mundo, se sentó a enseñarle un tema que dominaba. No se lo explicó: se lo tutoró. Le hizo preguntas, lo dejó pensar, lo acompañó hasta que él mismo llegó a la respuesta.

Hugo, que llevaba años dictando al frente de un aula, fue alumno de una niña por una mañana. Y al final, cuando pidieron voluntarios para exponer lo aprendido, levantó la mano. Algo le había hecho clic.

Lo que vino después es una de las historias que mejor explican una idea que vengo persiguiendo en estas ediciones: de dónde viene, de verdad, el cambio educativo en el Perú. En la edición sobre Yungay conté que viene del medio, de especialistas y directivos que duran más que los ministros. Hoy quiero contarles un giro de esa misma idea que me parece todavía más esperanzador.

Una herida vieja

Para entender por qué a Hugo le hizo clic, hay que conocer una herida que cargaba desde sus años de aula. Me la contó casi como una confesión.

Había trabajado un tema con sus estudiantes. Lo expusieron con detalle, con entusiasmo; los evaluó y los puso sobresaliente, casi a todos. Lo habían hecho muy bien. Y entonces, el lunes siguiente —apenas dos o tres días después—, en una evaluación trimestral, sobre el mismo tema, casi nadie pudo responder. Apenas un aprobado.

“Entonces dije: ¿qué ha pasado? O sea, ¿me estoy mintiendo a mí mismo? Si les preguntan estos temas a fin de año, o cuando terminen quinto de secundaria, ya se olvidaron todo.”

Esa pregunta —¿les estaré enseñando algo que se evapora?— es de las más honestas que un maestro puede hacerse, y de las que menos se dicen en voz alta. Hugo la cargó por años sin respuesta. Hasta que una niña de primaria le mostró una.

Qué es el Aprendizaje Entre Pares (y por qué no es repetir de memoria)

Lo que la niña le enseñó tiene nombre: Aprendizaje Entre Pares, AEP. Es una de las dos estrategias que forman el corazón de la pedagogía con la que trabajamos en el territorio, y conviene explicarla en una línea para quien no la conoce: un estudiante que ya domina un tema lo tutorea a otro, no dándole la respuesta, sino acompañándolo con preguntas hasta que el otro la construye. Y el que aprendió, después, tutorea a un tercero. El conocimiento se mueve de persona a persona, como una posta.

La primera reacción de Hugo fue la del científico que es. Desconfió. Se lo preguntó directo a las maestras:

“¿Esto no es una extensión de la memorización? Si el estudiante me lo ha compartido todo, ¿no es solo repetir lo que dijo el otro?”

La respuesta lo desarmó, y vale la pena detenerse en ella porque ahí está lo fino del asunto. Le dijeron que no, que no es repetición: que en cada tutoría se aprende distinto, porque ningún tutorado recibe igual, y porque cada tutor le agrega lo suyo —un detalle, una ficha, una mejor manera de preguntar—. No se transmite un paquete cerrado: se reconstruye, y en cada vuelta se enriquece. Lo contrario de la memorización que se evapora el lunes.

Ahí Hugo tomó su decisión. Lo dijo con esa claridad de quien por fin encuentra lo que buscaba: eso es lo que necesito. Sus estudiantes son todos rurales, los que más sufren ese olvido del que se culpaba. Si había una estrategia para que lo aprendido se quedara, era esa.

De convocada a convencida, en una mañana

A veces una persona entra a una historia porque alguien la llama por teléfono. Aymé, profesora de matemáticas del colegio Hermanos Ayar, entró así.

Era un sábado. Hugo estaba invitado a un encuentro de Aprendizaje Entre Pares en el colegio Fátima en San Sebastián y, como ya conocía la estrategia y quería que más gente la viviera, pensó en ella: sabía de su entusiasmo. La llamó. «Maestra, hay un evento importante hoy, venga.» Y Aymé, apurada y dispuesta, fue. Llegó a la mitad del encuentro, cuando ya todos estaban tutorando: unos setenta estudiantes de colegios de todo el Cusco, formados en la metodología, le enseñaban —uno a uno— a profesores, especialistas y directores. Hugo quería que a ella también la tutorara un estudiante. Pero ya no quedaban tutores libres. Así que la frase que selló todo fue suya: «Yo te tutoraré».

Lo que terminó de enamorar a Aymé no fue solo esa tutoría. Fue lo que vio alrededor: decenas de jóvenes enseñando a adultos, con soltura, sin miedo. Esa imagen la convenció. Y allí empezó otra historia de transformación que merece su propio escrito: la de Aymé, hoy una de nuestras docentes líderes convencidas. Una maestra que llegó por una llamada de teléfono y se fue sembrada.

 

El conocimiento no se reparte: se contagia, de uno en uno.

Eso fue lo que convirtió a Hugo. No la teoría: ver con sus ojos que una sola chispa, bien cuidada, prende otras. Como especialista, lo entendió como un deber: «tengo ese deber de mejorar los aprendizajes de los estudiantes de mi jurisdicción». Y se puso a construir. Un plan, una ruta, un equipo de maestras voluntarias —Luz Marina entre ellas—, un primer encuentro en Paruro, una pasantía a Mendoza- Argentina, donde el modelo empezó en el 2023, que terminó de confirmar que no estaba solo, que en otros países llevaban años en esto y con resultados. Para 2025, el plan ya era ambicioso: de tres escuelas y ochenta estudiantes, llevar el AEP a toda la secundaria de la provincia.

El giro: la innovación se mudó

Y aquí está la parte que me hizo escribir esta edición.

En enero de 2026, Hugo dejó la UGEL Paruro. Cambió de provincia. Hoy es especialista en la UGEL Anta, otra zona, otras escuelas, otros docentes. En la lógica habitual del sistema peruano, esa frase es una sentencia de muerte: el especialista se va y la innovación que impulsaba se apaga, como una planta sin quien la riegue. Lo hemos visto muchas veces. Los proyectos duran lo que dura la persona en el cargo.

Con Hugo pasó lo contrario. No solo dejó sembrado el AEP en Paruro —donde el equipo de maestras sigue—, sino que se lo llevó a Anta. Y allá, donde nadie lo conocía, donde tuvo que empezar de cero, ya está construyendo una red de veinte escuelas alrededor de la misma estrategia.

Atentos a esto. La innovación no se quedó atrás cuando el líder se fue. Viajó con él. Echó raíces en un suelo nuevo.

Andy Hargreaves, en su libro más reciente, Leadership From the Middle, le pone nombre a lo que vi en Hugo. Dice que las escuelas y redes innovadoras funcionan como incubadoras: aunque su energía inicial se disipe con los años, forman líderes, y cuando esos líderes cambian de trabajo, se llevan consigo todo lo aprendido. Paruro fue la incubadora. Hugo, el talento que migró con la idea en la mochila.

En la edición sobre Yungay les hablé de la sostenibilidad por permanencia: el líder que dura diez, quince, veinte años en el mismo lugar y por eso sostiene el cambio. Es real y es valiosa. Pero la historia de Hugo revela una segunda forma que casi nadie nombra: la sostenibilidad por movimiento. El líder intermedio no es solo un guardián que cuida un jardín. También es un polinizador que va de valle en valle, y en cada uno deja semilla.

Hay quien sostiene el cambio quedándose. Y hay quien lo sostiene mudándose.

Por qué esto importa para el país

Esto no es solo una historia bonita de un buen especialista. Es una pista sobre cómo podría escalar el cambio en un sistema como el nuestro.

El Estado peruano rota a su gente todo el tiempo. Especialistas y jefes de AGP que cambian de UGEL, directores de UGEL que asumen jefaturas de AGP,  directivos que concursan a otra plaza, profesionales que se mudan de región. Solemos verlo como pura pérdida: cada traslado, un proyecto que muere. Pero la historia de Hugo invita a darle la vuelta. ¿Y si cada traslado fuera, en realidad, una oportunidad de polinización? ¿Y si los líderes intermedios que cargan una buena práctica fueran, sin que el sistema lo haya diseñado, una red natural de difusión que lleva lo que funciona de un territorio a otro?

Hargreaves tiene para esto una imagen. Propone dejar de ver a estos educadores innovadores como simples casos atípicos que desaparecen cuando se retira el apoyo, y verlos más bien como células durmientes (sleeper cells) dentro del sistema: gente que mantiene viva una idea transformadora y que la reactiva cuando, más adelante y desde nuevas posiciones de poder, le toca decidir o influir. 

“Las innovaciones de abajo hacia arriba pueden extenderse de manera difusa, y pueden convertir a sus seguidores en células durmientes dentro de los sistemas tradicionales, quienes le dan vida a esos sistemas cuando asumen más poder más adelante en sus carreras" (Hargreaves, p,55)

Visto así, un especialista convencido que se muda no resta: multiplica. Lleva en la mochila lo aprendido y lo vuelve a sembrar. Paruro no perdió a Hugo: el Cusco ganó un segundo foco. Esa es la diferencia entre ver la rotación como fuga y verla como circulación.

Y hay un detalle que Hugo tiene clarísimo, porque es lo que distingue a una innovación que sobrevive de un entusiasmo que se apaga: el respaldo institucional. Su primer consejo a cualquier especialista que quiera replicar su camino es contundente —que la estrategia entre en el plan operativo de la UGEL, que sea institucional, que tenga presupuesto—. La pasión enciende; la institución sostiene. Sin las dos, no hay posta que dure.  

La posta

Vuelvo a la niña de primaria del principio.

Ella le enseñó a Hugo un tema, sí. Pero sin saberlo le enseñó algo más grande: que el conocimiento no es una propiedad que se guarda, sino una posta que se pasa. Ella se lo pasó a Hugo. Hugo se lo pasó a la maestra Aymé. Aymé a sus estudiantes y a otros colegas. Hugo lo sembró en Paruro y luego lo cargó hasta Anta, donde veinte escuelas más están recibiendo la posta ahora mismo.

Esa es la imagen que me llevo. No la del funcionario que cuida celosamente su parcela, sino la del corredor que lleva el testigo y, al cambiar de pista, no lo suelta: lo entrega en la siguiente.

Y por eso, una última idea, que es casi un ruego. No le exijamos a cada innovación pequeña que se masifique mañana, ni la descartemos porque «no escaló». Esa es la trampa del cortoplacismo que ya nos ha costado caro. Como argumenta Hargreaves contra el pesimismo de los que solo creen en lo grande y lo inmediato, el verdadero valor de estos focos no está en cuántas escuelas tocan hoy, sino en la gente con mentalidad de cambio que forman —gente que, con el tiempo y desde nuevas posiciones, termina transformando el sistema entero—. Pidámosle a cada innovación, entonces, no que conquiste el país mañana, sino que forme a alguien capaz de llevarla lejos.

El sistema educativo peruano tiene miles de Hugos circulando por sus UGELs. La pregunta no es cómo evitar que se muevan. Es qué llevan en la mochila cuando lo hacen.

Tú que me lees desde algún lugar del Perú o el mundo, y que tarde o temprano cambiarás de lugar: cuando te toque mudarte, ¿qué vas a llevar contigo? ¿Qué semilla de transformación cabe en tu mochila?

PARA PROFUNDIZAR

Andy Hargreaves — Leadership From the Middle: The Beating Heart of Educational Transformation (en inglés). El liderazgo desde el medio como motor del cambio. Las ideas de las escuelas innovadoras como incubadoras, de los educadores que migran como células durmientes y de los microdesarrollos que se acumulan —apoyándose en Tom Hatch— están en el capítulo 2 (pp. 54-55). El argumento de fondo: una innovación de base no debe juzgarse solo por su capacidad de escalar de inmediato, sino por la gente con mentalidad de cambio que forma.

Esta es la cuarta entrega de una serie sobre el liderazgo intermedio en la educación peruana. Las anteriores —sobre la UGEL Yungay (la sostenibilidad por permanencia)— pueden leerse en ediciones previas de este newsletter.

NOTAS

Las palabras de Hugo Quiza, especialista de Ciencia y Tecnología —antes en la UGEL Paruro (Cusco) y desde enero de 2026 en la UGEL Anta—, provienen de una conversación que sostuvimos en febrero de 2026 y de la sistematización de su experiencia. Conoció el Aprendizaje Entre Pares durante el Diplomado de Innovación Educativa y Comunidades de Aprendizaje, en una visita escolar en Lima.

El Aprendizaje Entre Pares (AEP) es una de las dos estrategias de la pedagogía que impulsamos en el territorio, junto con las Tertulias Dialógicas Literarias. La cifra de la red de Paruro (tres escuelas y unos ochenta estudiantes como punto de partida en 2025) y la red en formación en Anta (alrededor de veinte escuelas) provienen del propio relato de Hugo.

Roberto Barrientos Mollo escribe sobre cambio sistémico educativo desde el territorio.


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