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El cuento que no escribió ningún niño

Roberto Barrientos Mollo Abrí el primer fólder con gusto. Me habían invitado como jurado de la etapa de red del Premio Nacional de Narrativa y Ensayo José María Arguedas, y yo siempre llego contento a estos encuentros: estar con mis escuelas, con mis docentes, con mis directores, es de las cosas que más disfruto de mi trabajo. Antes de empezar la revisión hubo café, saludos, conversación. Luego, los fólderes. Leí el primer cuento. En la tercera línea ya lo sabía. Esto no lo escribió un niño. No fue una intuición vaga. Fue el tipo de guion, el tipo de redacción, esa tersura sin fisuras que uno reconoce cuando ha leído miles de textos escolares. Seguí revisando. Cuentos y fábulas de primaria, cuentos y ensayos de secundaria. Luego contrasté mis sospechas con varias herramientas de inteligencia artificial. El diagnóstico se repetía: demasiado sintético, demasiado perfecto. Y aquí quiero ser honesto: ningún detector es infalible, y no pondría las manos al fuego por cada caso individual. Pe...

escuelas que aprenden: ¿La solución al problema educativo?

Dice Bolivar:

“Está adquiriendo mayor audiencia la teoría de que las escuelas son sistemas sociales abiertos y ‘caóticos’, no sometibles a una gestión racional centralizada. La idea de Organizaciones que Aprenden tiene, es su lugar, al ventaja de que las escuelas ganen capacidad para autoorganizarse, respondiendo a  los posibles problemas que surjan” [1].

 

Me pareció interesante, por lo siguiente: en primer lugar al decir sistema social, amplias la visión de la escuela caja negra,  a una escuela entrelazada con la sociedad, que forma una suerte de urdidumbre de relaciones, e interacciones; en segundo lugar el elemento de caótico, es decir, impredecible, cada escuela es única e irrepetible como únicas e irrepetibles son las personas que la sacan adelante (o la hunden).  Por lo dicho anteriormente me parece oportuno ponernos a pensar cuando dejaremos de pensar en las reformas macro, en propuestas top-down. E intentaremos complementarlas con una apuesta y confianza real en las capacidades de la escuela para innovarse a sí misma, para reformarse así. Hasta se apuesta, ahora, por capacitaciones mega, cuándo entenderemos de que es el centro educativo el que se tiene que convertir en espacio de formación y capacitación permanente y no un evento que realiza el ministerio de vez en cuando, ¿Cuándo?

El día que entendamos esta realidad, ya no capacitaremos a masas, sino que generaremos expertos en desarrollo del talento humano, crearemos una verdadera escuela de directores, generaremos una modalidad de supervisores, que no son supervisores, sino que son amigos, que no evalúan, pero si critican sanamente, expertos en todo: psicología, pedagogía, teoría de las organizaciones, evaluación, métodos cuantitativos, cualitativos.

El día en que en la legislación no solo sea de boca la supuesta autonomía, sino efectiva confianza en las capacidades de los docentes, alumnos, directores y en la escuela toda, dándoles el debido acompañamiento en todo momento.

 

 



[1] Bolivar, Antonio: Los centros educativos como organizaciones que aprenden, promesas y realidades,  La Muralla, Madrid, 2000, p. 59

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