La pendiente reforma universitaria

Muy atinado el artículo de Zenón, como muchos saben, él trabajo en el Ministerio de Educación en la Dirección Nacional de Educación Superior y Técnológica. Desde ese ente pudo ver en vivo y en directo la trágica situación de las universidades en el país.

Recuerdo que nos contaba una vez, cómo es que llegaron a visitar una facultad de medicina que funcionaba en un hotel y otra en un chifa. Para reír, pero también para llorar, por el injusto derecho a la educación que se viene dando a esos jóvenes. Y la cobarde ausencia de un estado que entrega títulos “a nombre de la nación”, no sé qué nación daría su nombre para dichos títulos, pero sólo sé que la peruana no debería de hacerlo.

Los títulos que debe de apoyar mi Nación deben de ser realmente muestra de lo mejor del país.

Por eso estoy de acuerdo con Zenón en el aprovechar la presenta coyuntura, sobre el debate que se viene dando sobre la gratuidad de la universidad, para ir más al fondo y no quedarnos en las ramas. Ir tema de la pendiente Ley de Educación Superior. Como dice Zenón “En ese horizonte es donde habrá que definir una agenda que incluya el tema del financiamiento, buscando mejorar la calidad académica y ampliar la equidad en el acceso a este nivel educativo”.

Hay esperanza para este país, estoy convencido de ello. Pongamos el hombro y presionemos para que se ponga sobre el tapete la reforma universitaria pendiente.

Martes 10 de junio del 2008 Diario La Primera

La urgencia de una Reforma Universitaria Zenón Depaz

La iniciativa individual de una congresista ha reabierto un debate, hasta ahora poco productivo, sobre la gratuidad de la educación universitaria. Es sintomático que los comentarios y respuestas hayan tendido a focalizarse en ese tema, y que, ante algunos comentarios pugnaces, la congresista Hildebrandt –responsable de tal iniciativa– haya manifestado que sólo intenta que se cumpla con la Constitución y que si aquellos a quienes va dirigida su iniciativa prefieren seguir como hasta ahora, allá ellos.

Este episodio deja a la vista la absoluta ausencia de políticas de Estado en relación a la educación superior y, por tanto, de un real proyecto educativo, el cual no puede ignorar a ese nivel educativo. De hecho, las deficiencias en la calidad de la educación básica remiten también a la formación inicial de los docentes, a juzgar por los pésimos resultados que las evaluaciones docentes han puesto en evidencia desde el año 2003. Un estudio efectuado por Luis Pásara sobre la enseñanza del Derecho en nuestro país obliga a igual recelo sobre lo que está ocurriendo allí en la mayor parte de universidades. Y no tiene ya caso comentar la calidad de la formación en cientos de filiales “universitarias”, que incluyen carreras en áreas tan delicadas como las vinculadas a salud y educación.

Se trata, pues, de problemas de orden estructural que se han ido acumulando en décadas de incuria. La autonomía universitaria, tal como ahora se la entiende, ha sido la coartada perfecta para que los gobiernos de turno se desentiendan de la universidad, y un escudo protector para que grupos de poder al interior de las universidades –públicas y asociativas– se apoderaran de la mayor parte de ellas en provecho propio. Así tergiversada, condujo en muchas de aquellas instituciones a un fatal autismo que ahora incide en el debate sobre la gratuidad de la enseñanza universitaria, el mismo que para ser productivo deberá efectuarse en el marco de una discusión mayor sobre la situación de conjunto de la educación superior.

Urge, pues, retomar la discusión sobre la Ley de Educación Superior, tal como lo demanda el Proyecto Educativo Nacional propuesto por el Consejo Nacional de Educación. En ese horizonte es donde habrá que definir una agenda que incluya el tema del financiamiento, buscando mejorar la calidad académica y ampliar la equidad en el acceso a este nivel educativo.