Un día en el nido de mis hijos


El día de ayer me invitaron a una reunión de la escuela de mi hijo. Fue mi primera vez. No sé si podríamos llamarlo parte de la, tan mentada en el mundo docente como solución para diversos problemas, “Escuela de Padres”, porque no lo mencionaron así. Era una invitación para pasar una tarde como lo hacen nuestros niños.
Llegué diez minutos después de la hora pactada. Me recibieron los jóvenes que me reciben en la mañana cuando voy a dejar a mis hijos. Entre al salón de la profesora de mi hijo. La saludé como siempre y pude observar que ya habían llegado otros 3 papás, de los 14 que son en la clase. Al final llegaron 2 o 3 más, pero me causó extrañeza, puesto que sé que el nivel inicial es la etapa en la que los padres están más involucrados. Quizá fue el día. No lo sé.
Procedo a narrar la dinámica del trabajo y al finalizar comparto algunas reflexiones que me generó la visita. Se nos invitó a jugar con lo que nos llamara la atención. Había una mamá ordenando unos muñequitos, otro papá armando cubos, y no recuerdo que hacía la otra mamá.
Quizá por ser la primera vez, lo sentí un poco forzado. Yo no soy niño y que se me invite a jugar como niño es extraño para mí, en un sentido. Es decir, si el juego consiste en que voy a actuar como un niño de tres años ok. pero una actuación de tres horas, la veo poco atractiva y formativa. Yo no jugaba nada porque no me llamaba la atención nada. Me puse a conversar. Me interesaba conocer quiénes son los otros papás de los niños que están con mi hijo. Luego la profesora nos invitó a sentarnos en una colchoneta y empezó el saludo con el símbolo de la clase, o mascota de la clase, es una pañoleta plateada. Nos presentó un tubo de cartón y nos invitó a tocarlo para hacer salir a “Renato garabato”, así se llama el salón de mi hijo. Y muy animosamente tocamos una vez, y luego otra vez más fuerte, salió el pañuelo y nos fue cubriendo a cada uno a manera de saludo. Me pareció interesante, puesto que, supongo, incentiva más el desarrollo de la imaginación que si fuese un objeto definido. Estoy de acuerdo con que hay que incentivar mucho el desarrollo de la creatividad e imaginación en las personas.
Luego del saludo, se nos invitó a realizar un juego en el patio junto con otros salones. No éramos más de 20 o 25 personas. El juego del tiburón, me pareció animado, luego el juego de formar números y otro de relajación. No he terminado de captar el objetivo formativo del mismo, deduzco que son estos: desarrollo de la creatividad, el desarrollo del sentido numérico, la sincronización, etc. Finalizada esta parte se nos invitó a regresar al salón.
En el salón la profesora nos sentó alrededor suyo y nos contó una historia de un niño que perdió su sombra porque le gustaba empujar y quitar las cosas a sus compañeros, y la dejó con el final incompleto para que cada uno lo termine en un dibujo con témperas, me pareció interesante. Ofreció también la posibilidad de pintar alguna “travesura buena” que hayamos realizado. Me gustó mucho su dramatización, cuenta historias muy bien, hace juego de voces, buen dominio de cuerpo y sabe mantener la expectativa, a pesar de ser un cuento para niños, me dio gusto escucharlo.
Luego colocaron una tabla forrada con un plástico y fueron colocando cartulinas para cada uno. A muchos les costaba pensar en algo para dibujar. Yo empecé haciendo rayas, sin saber que iría a hacer. Luego se me ocurriría algo. A medida que íbamos finalizando el trabajo, nos íbamos acercando donde la profesora y le explicábamos lo que habíamos hecho, y los demás podíamos esperar tomando un cuento.
En ese momento me sentía un poco incómodo otra vez, porque las profesoras, eran dos en el salón, nos hablaban como si fuésemos los niños. Mientras pintábamos íbamos hablando y conversando entre nosotros, pero, obviamente, como adultos. Por lo que esta bilocación me hacía sentir no tan cómodo.
Después empezó la merienda, se nos había dicho que traigamos algo, yo llevé una galleta que me regalaron, una manzana y un pedazo de torta que no comí en el almuerzo. Seguimos conversando. Hablamos de qué comen nuestros hijos, qué les damos de desayunar y pude darme cuenta de que casi todos tomaban algo ligero en la mañana, como un jugo o vaso de leche solamente. Yo a veces me preocupaba que solo tomase su vaso de yogurt y su huevo.
Se veía que eran padres preocupados y bastante involucrados en la vida de sus hijos y personas buenas.
Luego vino el recreo, con juegos libres. Era divertido ver a personas mayores jugando diversos juegos de niños. En lo personal me divertí mucho, porque eran juegos que me gustan aún, como matagente o el del gusano.
Al finalizar el tiempo de recreo se nos invitó a pasar al auditorio. Allí una de las profesoras con más tiempo en la propuesta nos explicó los fundamentos de la misma en una presentación ppt.
La propuesta se sintetiza en una frase “Juego, luego existo”, esto es, el niño aprende mediante la dimensión lúdica. Es su lenguaje, citó a Loris Malaguzzi con los cien lenguajes del niño. E hizo referencia a Acutourier. Explicó que los dos pilares de la propuesta están en la educación por el movimiento y la educación por el arte. Aquella se basa en que el niño es una unidad indivisible por lo que se puede educar por el movimiento y esta se referería al arte como medio de expresión fundamental de los niños.

Luego desarrolló más el método, la verdad, me perdí un poco. Pero en esencia explicó la importancia de generar espacio para el descubrimiento del mundo mediante el juego y no presionar y dañar, como en el caso de la lectura y escritura forzada. Que el niño encuentro el significado y el sentido a la misma, de esta manera lo aprenderá realmente.

En síntesis me pareció interesante la propuesta. Ya la había escuchado en la charla de explicación antes de matricular a mis hijos. Pero esta vez fue quizá más desarrollada.

Mientras hablaba me ponía a pensar en lo complicado de hacer políticas y propuestas educativas para un país entero. Si ya es complicado consensuar una propuesta determinada entre 40 papás, cómo será con 10 millones de papás.
Y tomaba, otra vez, conciencia de la importancia de la antropología como base para cualquier propuesta formativa.

Para formar a una persona o a millones, se tiene que tener en claro la naturaleza del ser que se quiere formar. Desde todas las dimensiones posibles. Psicológica, biológica, espiritual. Y desde esa respuesta configurar las diversas opciones pedagógicas , la diversas opciones para formar a la persona en la línea de la concepción de naturaleza humana que se ha optado.

Además, me ponía a pensar en qué quiero cómo país. ¿Quiero chicos con habilidades lectoras, matemáticas y sociales, para poder ser más productivos económicamente? , la verdad sí, pero no sólo. Ante todo quiero chicos felices, que saben disfrutar cada momento de la vida. Entonces cómo armonizar la búsqueda de su felicidad y desarrollo pleno con las necesidades o urgencia que tiene un país. Se puede hacer, pero es necesario debatirlo y ver las salidas posibles.

Otro tema que me vino a la mente, es la importancia de la valoración docente. Mi deber como padre es hacerle ver a la profesora que tiene una gran profesión, y así es, y hacerla sentir así. Puesto que el docente tiene que sentirse reconocido. Este es un elemento que ayuda a mantener su motivación. Eso lo digo porque la profesora de mi hijo es bastante joven y me doy cuenta que está aprendiendo todavía, pero la veo con pasta. En mi opinión la experiencia es clave.

Otro tema se quedó dando vueltas en mi mente, es el famoso concepto de “simbolización”. La profesora repitió mucho ese término. Yo no sé si fue para mostrar lo bien que manejan autores y teorías pedagógicas o para instruirnos. En lo personal, yo que he estudiado pedagogía y me interesa bastante el tema, sigo sin comprender totalmente lo que significa y cómo se da este proceso en la mente del niño, y lo que significaba realmente para Piaget, además de sus famosos “esquemas”, en una crítica que hace Alberto Caturelli afirma que Piaget nunca definió qué entendía por aquellos “esquemas mentales” que son un concepto clave para entender su teoría. Entiendo que los investigadores tratamos de entender el mundo de los niños mediante determinadas categorías que inventamos. Pero, en mi humilde opinión, nunca terminaremos de comprender cómo mira el mundo un niño de dos años o tres o cómo aprende, asimismo, cómo puedo ver que determinada acción en su vida futura, de adulto, es gracia a determinadas acciones que realicé o realizamos en conjunto en su infancia. Lo que quiero decir, es que siempre habrá un margen de incertidumbre en la pedagogía del niño. No soy un erudito en esta materia, pero creo que es un mundo sin límites, frente al cual debemos de acercarnos siempre con una respetuosa actitud de asombro frente al misterio que significa el niño, cada niño y todos los niños.